La biodiversidad de las semillas: el seguro de vida de nuestra producción alimentaria

Biodiversidad de semillas
Miles de especies y variedades de plantas que alimentaron a nuestros antepasados ya se han extinguido, y cada día son más las que desaparecen. La diversidad es el seguro de vida de nuestros alimentos. © FAO/Luis Tato

Los seres humanos recurrimos a un número de plantas asombrosamente bajo para obtener la mayor parte de las calorías que consumimos diariamente. De hecho, de las miles de especies de frutas y hortalizas que se cultivan con fines alimentarios, menos de 200 representan una parte sustancial de los alimentos producidos en el mundo. Pero ¿qué ocurriría si el cambio climático, las especies invasivas, la contaminación, la expansión de las ciudades o la sobreexplotación de la tierra hicieran que esas especies se debilitaran, mermando así su capacidad de producción o supervivencia en el futuro? Miles de especies y variedades de plantas que alimentaron a nuestros antepasados ya se han extinguido, y cada día son más las que desaparecen. La diversidad es el seguro de vida de nuestros alimentos. Es la biodiversidad de los cultivos la que mantiene nuestros sistemas alimentarios fuertes y resilientes frente a esas amenazas reales y peligrosas.

Las comunidades indígenas y locales de todo el mundo son los principales defensores de la conservación de la agrobiodiversidad. Tienen amplios conocimientos tradicionales sobre las distintas variedades de cultivos y la forma de cultivarlos. Sin embargo, a menudo esas mismas comunidades son vulnerables, ya que habitan en zonas especialmente expuestas a los efectos del cambio climático o donde los recursos se han degradado. El Fondo de distribución de beneficios, creado en virtud del Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura de la FAO, presta apoyo a los agricultores de los países en desarrollo en su empeño por salvaguardar y utilizar la diversidad fitogenética para la seguridad alimentaria y ayudar a sus comunidades a hacer frente al cambio climático. Además, la colaboración es fundamental a la hora de preservar los conocimientos indígenas y promover el acceso y el intercambio de variedades de cultivos resilientes y adaptadas a sus necesidades.

A continuación, se muestran cinco ejemplos de proyectos del Fondo de distribución de beneficios y la importancia de la biodiversidad de las semillas.

1. Protección de las variedades de cultivos autóctonos en el Ecuador

En el distrito de Cotacachi, en los Andes ecuatorianos, la agricultura familiar, mayoritariamente en manos de las mujeres, constituye la principal fuente de alimentos e ingresos. La zona funciona como un microcentro de diversidad agrícola gracias a sus cultivos tradicionales adaptados a las grandes altitudes andinas y, recientemente, la FAO la ha designado como uno de los Sistemas importantes del patrimonio agrícola mundial. A pesar de la amplia disponibilidad de recursos naturales, las 45 comunidades indígenas que habitan esta zona se enfrentan al cambio climático y a la degradación de la tierra, lo que merma la disponibilidad de cultivos autóctonos. A través de la Unión de Organizaciones Campesinas e Indígenas de Cotacachi, en el marco del proyecto del Fondo de distribución de beneficios se trabaja con estas comunidades a fin de hacer frente a la pérdida de diversidad de cultivos locales y hallar variedades que se adapten al cambio climático.

Se están creando dos centros de conocimientos sobre biología con miras a facilitar el acceso a semillas adaptadas a las condiciones locales y se está ofreciendo capacitación a 30 agricultores para que se conviertan en productores de semillas. Gracias al proyecto más de 1 500 agricultores se benefician de la reintroducción de especies de plantas autóctonas y mejor adaptadas para su consumo en los hogares y su comercialización.

Grupo de personas alrededor de muestras de semillas
Manos sosteniendo puño de frijoles blancos

Izquierda/Arriba: En el Ecuador, dos centros de conocimientos sobre biología facilitan el acceso a semillas adaptadas a las condiciones locales. © Unión de Organizaciones Campesinas e Indígenas de Cotacachi (UNORCAC) Derecha/Abajo: Las variedades de caupí resistentes a la sequía y a la Striga ayudan a garantizar la seguridad alimentaria en Ghana. © FAO/Peter DiCampo

2. Desarrollo de variedades de caupí resistentes a la sequía y a las enfermedades en Ghana

El caupí, conocido por sus propiedades nutricionales y su capacidad para crecer en suelos arenosos y semiáridos, es un cultivo esencial para las comunidades que viven en las sabanas costeras de Ghana. Es un alimento asequible y rico en proteínas del que depende más del 70 % de la población del país. Sin embargo, la Striga gesnerioides, una mala hierba parasitaria, supone una grave amenaza para su producción y provoca la pérdida de entre un 80 % y un 100 % de la producción.

Por conducto de la Universidad de Cape Coast, el Fondo de distribución de beneficios llevó a cabo una evaluación detallada de diferentes tipos de caupí que culminó con el desarrollo, el registro y la distribución de siete nuevas variedades de caupí tolerantes a la sequía y resistentes a la Striga. Mediante un enfoque que reunió a investigadores, científicos, agricultores, mejoradores, técnicos, productores y funcionarios gubernamentales, estas variedades están siendo cultivadas y consumidas por más de 1 000 agricultores y sus familias, con un promedio de aumento de ingresos del 45 %.

3. Descubrimiento de especies resilientes de colocasia en Malasia

La colocasia es la raíz de una hortaliza que desde hace miles de años se utiliza como alimento, forraje y con fines medicinales en toda África, Asia meridional y Oceanía. Las condiciones climáticas cambiantes y las enfermedades son una amenaza para la producción de colocasia, pero el proyecto del Fondo de distribución de beneficios de la FAO está trabajando con los agricultores, a través del Instituto de Investigación y Desarrollo Agrícola de Malasia, con el objetivo de reforzar la labor de conservación y documentación de variedades resilientes de colocasia en Malasia y otros países de Asia sudoriental.

En el marco del proyecto se están creando modelos de explotaciones agrícolas y 20 escuelas de campo para poner a prueba estas nuevas variedades. Asimismo, se están estableciendo cinco bancos de semillas comunitarios para que los agricultores tengan la seguridad de que sus semillas están protegidas y pueden ser compartidas con las comunidades vecinas.

En el proyecto participan 200 pequeños productores de colocasia que recibirán formación sobre prácticas y tecnologías para el procesamiento, almacenamiento, transporte y comercialización de este importante cultivo.

El Fondo de distribución de beneficios ha ayudado a las comunidades a hallar variedades locales de arroz de alto rendimiento y tolerantes a la sequía y al exceso de agua. © Institut d’Economie Rurale (IER)

4. Recuperación de las variedades locales de arroz en Malí

El arroz y el mijo son alimentos básicos en la dieta de los malienses; sin embargo, con el 80 % del cultivo de arroz de secano gravemente afectado por la sequía, los rendimientos se han reducido drásticamente.

El Fondo de distribución de beneficios ha colaborado con los productores locales y las comunidades de 69 aldeas a través del Institut d’Economie Rurale con el fin de preservar 266 variedades locales de arroz y determinar qué especies darán el máximo rendimiento al tiempo que toleran tanto la sequía como la sumersión excesiva en agua. Los agricultores están consiguiendo un mayor acceso a esas variedades; además, esas semillas han sido enviadas recientemente al Depósito Mundial de Semillas de Svalbard, un banco de semillas seguro en el ártico noruego que actúa como dispositivo de seguridad para la biodiversidad de semillas en caso de daño o pérdida de las colecciones de semillas nacionales o internacionales.

5. Mejora de las variedades locales de trigo y cebada en Marruecos

El trigo duro y la cebada son algunos de los alimentos básicos en Marruecos, Túnez y Argelia; no obstante, estos países han llegado a depender de las importaciones, ya que sus propios cultivos se han visto cada vez más afectados por el cambio climático, las plagas y las enfermedades. Las elevadas temperaturas y la sequía han provocado la acumulación de salinidad en el suelo y las aguas subterráneas, lo que dificulta la supervivencia de ciertas especies vegetales.

En colaboración con ICARDA – Science for Resilient Livelihoods in Dry Areas (Ciencia al servicio de los medios de vida resilientes en zonas áridas) y asociados locales, investigadores y científicos se ha logrado producir plantas exentas de enfermedades y resilientes al clima y multiplicar rápidamente genotipos de plantas raras mediante técnicas de cultivo in vitro. En estos tres países, los resultados se están divulgando mediante los programas nacionales de mejora genética y ya están ayudando a cientos de comunidades agrícolas y a su población en general.

Para conocer más historias sobre las personas y la biodiversidad de las plantas en todo el mundo, visite la página web “Voces de la diversidad” de la FAO, donde agricultores, mejoradores y responsables de la toma de decisiones que fomentan la biodiversidad de las semillas hablan sobre sus problemas, sus planteamientos y sus preocupaciones.

La biodiversidad de nuestras frutas y hortalizas se está deteriorando a un ritmo alarmante, con efectos devastadores para el futuro de nuestra producción alimentaria. Gracias al apoyo prestado a los países en desarrollo en la gestión sostenible de los recursos genéticos de los cultivos, el Fondo de distribución de beneficios ha aumentado la seguridad alimentaria y mejorado los medios de vida de más de un millón de personas hasta la fecha. Junto con las comunidades agrícolas, que son muy conscientes del papel esencial que desempeñan estos recursos para garantizar una agricultura resiliente, el Fondo de distribución de beneficios está trabajando con miras a preservar urgentemente estos recursos genéticos vivos. Estas semillas son recursos que no podemos permitirnos el lujo de perder.

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